24 de
Septiembre de 2005
Yo me
esmero siempre en contestar lo más pronto que pueda y en cambio tú me contestas
cuando quieres. Hablas de la esencia como si fuera una cosa que poseyeras, cómo
si supieras de qué mierda estás hablando. Pero no sabes nada. Y el Andrés
tampoco sabía nada. Todo lo que te dijo era mentira. Todo lo que le conté ya
parece lejano. Él era mi mejor amigo y tú lo destruiste todo. Primero a él,
luego nuestra amistad, luego nuestra relación y finalmente a mi.
Hace poco
celebramos las fiestas patrias. Como si tuviéramos algo que llamar patria a
este mundo de papas fritas prefabricadas. Y lo vi de lejos, estaba con la
Maura, la Rita y el Vicente, los que otrora también fueron mis amigos, nuestros
amigos.
La Maura
está cada día más gorda, la Rita se cortó el pelo y se lo tiñó verde sin saber
el ridículo que hace y el Vicente, tan lameculos como siempre. Detrás de la
Rita como si esta alguna vez lo fuera a pescar más allá de unas buenas
chupadas. Y el Andrés. Sigue igual, solamente que ya no es mi amigo. Con sus
lentes que le dan un aire de inteligencia que tanto le faltó para algunas cosas…
y con cosas me refiero a ti.
Me harté de
la sinceridad hipócrita, que finalmente de sincero no tiene nada.
Quiero
putearte y putearlo todo. Tengo ganas de escupir a un perro, de golpear a una
anciana, de mostrarle el culo a un paco.
Voy a
gritar y no me sale la voz porque este puto mundo me la ha quitado y lo único
que me queda son las manos y mi capacidad de escribir algunas palabras al lado
de otras.
Quiero que
llores, ya siento que estás llorando con lo que llevo escrito. Pero ahora
llora con más ganas por favor. Te encanta sufrir, por eso te vas primero a
Bolivia, luego a Perú, a Argentina, a cualquier parte que no sea Chile, a
hacerte la victima, a refugiarte en unas clases patéticas con unos pendejos patéticos
que te deben mirar con pena. Qué les importa a ellos quién sea Diamela Eltit,
quién era Shakespeare, un puto tipo con un apellido difícil. Para qué gastar
neuronas en saber como se pronuncia su apellido, saber quién era. Sepultémoslo.
Tengo ganas
de morderme un diente. De matarme y luego arrepentirme. De mascar chicles y
luego volver a secarlos y repetidamente morderlos. Quiero hacer cosas
imposibles. Quiero, por ejemplo, y tan imbécil me siento con este clisé, quiero
retroceder el tiempo y no odiarte tanto como lo hago ahora. O por lo menos
volver a esa etapa donde te odiaba y te amaba al mismo tiempo. Cuando el puto de
Andrés, ese imbécil, todavía era mi mejor amigo, cuando lo consideraba mi alma
gemela y a ti el amor de mi vida. Pero ya nada es verdad y mi vida es la historia
más triste del mundo, estoy desconsolado como un protagonista de un libro de
Kafka. Un insecto, un castillo, un trabajo monótono quedan chicos para mí, para el Andrés y para ti.
¡Ya estoy
harto incluso de mencionarlo! Cómo si sirviera de algo. Tacharé todas las veces
que lo nombré. Cómo si sirviera de algo. Como si gritarte sirviera de algo.
Gritarte entre comillas, hace tiempo que no escucho tu voz. Ya ni me acuerdo. Cuando
pasa eso veo un video que teníamos, ese único que tu primo una vez salvó y me
lo pasó en un dvd…ese video. No quiero seguir escribiendo.
Siento que
después de esto quizás no contestes. Que este será el adiós definitivo. Quizás
te mates, para dar el golpe final a tu espectacular capacidad de hacerte la
victima.
Chao.