viernes, 28 de junio de 2013

22 de Diciembre 2005

22 de Diciciembre de 2005

Hola Cata

Recibí tu carta ya hace tiempo. La leí y la tiré, ahí donde están todos los papales sin importancia.
Y de verdad había decidido en ese momento no escribirte más. Estaba harto, y bueno, creo que lo dejé bien claro en mi última carta.

Pero ahora estaba limpiando mi pieza -volví a vivir con mi mamá luego de no tener plata para seguir arrendando el lugar donde compartíamos con el otro- y encontré el papel,  la misiva o como quieras llamarle.

Pensar que cuando escribías eso estabas en Chile. Yo no cambié el número de teléfono. Así que la cobarde eres tú, ahora lo veo. Gracias por no acercarte. Hubiera sido lo peor para mí. Di la prueba para entrar a la universidad, siento que mi vida va bien sin ti. Quería contarte para que tú sigas con tu vida también.

Fuiste importante. 


Agh.


No sé porque te voy a enviar esto.

Supongo que te llegará esto unos días después. Feliz navidad. Sé que era tu festividad favorita del año, a pesar de que el otro decía que era el epítome del consumismo. Además, te enviaré un paquete anexado a esta carta. Espero te guste el regalo. Adiós.

sábado, 15 de junio de 2013

24 octubre 2005

24 octubre 2005

Estoy en Chile. Hace más de dos semanas que estoy en Chile y  dudé más que la cresta si mandarte una carta o no.
Tenías razón, lo primero que pensé después de leerte fue en tomar el cuchillo y completar lo que nunca, en 26 putos años, me atreví a hacer. Me da rabia que me conozcas tanto, me da rabia que después de todo lo que pasó aún no te atrevas a mandarme a la mierda.
Quiero verte. Quiero con ésa mirada de perro despechado me grites en la cara, me digas todo lo que jamás pensaste en decirme. No te quedes mirando un DVD añejo como en una película de Wood. Eres un imbécil.
Siento que no saco nada tratando de explicarte el porqué de muchas cosas si, independiente de eso, seguirás encerrado en tu ínfimo mundo de posibilidades. Date cuenta de que la cagamos, de que jamás hubiera resultado nada entre los dos, de que nunca fui realmente “el amor de tu vida” ni de la de nadie.
Los libros, la cerveza, las lecturas poéticas que te cargaban y esas tardes infinitas en la u no eran más que cosas superfluas y convenciones sociales. Las salidas con la Rita y la Maura siempre fueron un maraqueo más para la lista de “hueones con los que hemos culeado”. Las noches donde el Vicente, la marihuana y las lecturas matutinas de Ginsberg ¿En serio esperabas algo de mí? ¿En serio pensaste que te amaba?
No sé qué esperabas, realmente. No sé qué esperabas también del Andrés. ¿Hay acaso algo que esperar de esta puta sociedad? Perú, Argentina, Bolivia y Chile son la misma mierda al fin y al cabo. Tú, yo y el Andrés fuimos la misma mierda.
Jamás tuve las agallas para matarme y dudo que las tenga algún día, ésa es mi conclusión.
Era tan ridículo andar escondiendo mis muñecas de ustedes dos. Era tan ridículo pensar que podía confiar en ti. Era tan ridículo como es que ahora te esté escribiendo nuevamente, pese a que tratas de amedrentarme jugando a dar vuelta los papeles, manipulando… manipulándome. Ambos somos las víctimas y los victimarios de todo esto, la vida nos culeó bien culeados y nosotros después la emborrachamos en un bar de República.
Lo de las cartas había comenzado bien, quizás el error fue volver a meter a Andrés en nuestra vida.

Lo siento.

P.S.: Mañana vuelvo a Argentina.


Catalina.


24 de Septiembre e 2005

24 de Septiembre de 2005

Yo me esmero siempre en contestar lo más pronto que pueda y en cambio tú me contestas cuando quieres. Hablas de la esencia como si fuera una cosa que poseyeras, cómo si supieras de qué mierda estás hablando. Pero no sabes nada. Y el Andrés tampoco sabía nada. Todo lo que te dijo era mentira. Todo lo que le conté ya parece lejano. Él era mi mejor amigo y tú lo destruiste todo. Primero a él, luego nuestra amistad, luego nuestra relación y finalmente a mi.
Hace poco celebramos las fiestas patrias. Como si tuviéramos algo que llamar patria a este mundo de papas fritas prefabricadas. Y lo vi de lejos, estaba con la Maura, la Rita y el Vicente, los que otrora también fueron mis amigos, nuestros amigos.
La Maura está cada día más gorda, la Rita se cortó el pelo y se lo tiñó verde sin saber el ridículo que hace y el Vicente, tan lameculos como siempre. Detrás de la Rita como si esta alguna vez lo fuera a pescar más allá de unas buenas chupadas. Y el Andrés. Sigue igual, solamente que ya no es mi amigo. Con sus lentes que le dan un aire de inteligencia que tanto le faltó para algunas cosas… y con cosas me refiero a ti.

Me harté de la sinceridad hipócrita, que finalmente de sincero no tiene nada.
Quiero putearte y putearlo todo. Tengo ganas de escupir a un perro, de golpear a una anciana, de mostrarle el culo a un paco.

Voy a gritar y no me sale la voz porque este puto mundo me la ha quitado y lo único que me queda son las manos y mi capacidad de escribir algunas palabras al lado de otras.

Quiero que llores, ya siento que estás llorando con lo que llevo escrito. Pero ahora llora con más ganas por favor. Te encanta sufrir, por eso te vas primero a Bolivia, luego a Perú, a Argentina, a cualquier parte que no sea Chile, a hacerte la victima, a refugiarte en unas clases patéticas con unos pendejos patéticos que te deben mirar con pena. Qué les importa a ellos quién sea Diamela Eltit, quién era Shakespeare, un puto tipo con un apellido difícil. Para qué gastar neuronas en saber como se pronuncia su apellido, saber quién era. Sepultémoslo.

Tengo ganas de morderme un diente. De matarme y luego arrepentirme. De mascar chicles y luego volver a secarlos y repetidamente morderlos. Quiero hacer cosas imposibles. Quiero, por ejemplo, y tan imbécil me siento con este clisé, quiero retroceder el tiempo y no odiarte tanto como lo hago ahora. O por lo menos volver a esa etapa donde te odiaba y te amaba al mismo tiempo. Cuando el puto de Andrés, ese imbécil, todavía era mi mejor amigo, cuando lo consideraba mi alma gemela y a ti el amor de mi vida. Pero ya nada es verdad y mi vida es la historia más triste del mundo, estoy desconsolado como un protagonista de un libro de Kafka. Un insecto, un castillo, un trabajo monótono quedan chicos para mí, para el Andrés y para ti.

¡Ya estoy harto incluso de mencionarlo! Cómo si sirviera de algo. Tacharé todas las veces que lo nombré. Cómo si sirviera de algo. Como si gritarte sirviera de algo. Gritarte entre comillas, hace tiempo que no escucho tu voz. Ya ni me acuerdo. Cuando pasa eso veo un video que teníamos, ese único que tu primo una vez salvó y me lo pasó en un dvd…ese video. No quiero seguir escribiendo.

Siento que después de esto quizás no contestes. Que este será el adiós definitivo. Quizás te mates, para dar el golpe final a tu espectacular capacidad de hacerte la victima.


Chao.

lunes, 10 de junio de 2013

9 de septiembre 2005

9 de septiembre 2005

Acabo de salir del cine y te escribo mientras espero algún taxi me que lleve al departamento. Ahora estoy en Argentina.  Nos separa la cordillera y la virtualidad del papel. Quizás otras cosas… que ya no valen la pena.
Hasta hace poco reflexionaba acerca de cómo sería volver a Chile… por ahora pienso quedarme un tiempo más acá, me conseguí un buen trabajo como profe reemplazante de literatura en una escuelita de Buenos Aires.
No sé qué decirte en relación a tu última carta… pensé que sería bueno evadir el tema. También pensé que deberá llegar el momento en mi vida en que deje de huir de todo, en que tenga que enfrentarte a ti, al Andrés y a todos los fantasmas.
¿De verdad crees que la gente cambia? Para mí la gente es siempre la misma… cambia el contexto,  quizás, cambian los amigos, los lugares… pero la esencia de uno siempre será la misma. Quizás simplemente nos enfocamos en lo que no debíamos, nos salimos del camino tratando de encontrarnos… no sé en verdad, a pesar de todo el tiempo que ha pasado esto sigue siendo igual de confuso.
Dedo confesarte que lo único que he hecho ha sido pensar en ustedes dos. Es algo horriblemente masoquista, estúpido… Quizás a estas alturas estés comprendiendo por qué me fui, por qué me borré del mapa de un día para otro. Y quisiera volver, lo juro, no sé porque no tengo las fuerzas para hacerlo.


Catalina.

viernes, 7 de junio de 2013

4 de Junio 2005

4 de Junio 2005

Querida Cata:

Hace tiempo que quería saber de ti, así que no sabes cuán contento me pone recibir esta carta de ti. Y por un momento dudé que fuera tuya… no estás escribiendo como antes y eso me hace sentir preocupado respecto de tu estado. Digamos que tu huida fue… inesperada. O quizás era yo el que me hacía el tonto. Pero qué más da, ya pasó.

Como te digo dudé que fueras tú, hasta que mencionaste a Pink Floyd, otrora tu banda favorita… y cuando mencionaste a Andrés.

Andrés. No sé de él. Desde que te fuiste que desapareció y la verdad nunca intenté saber su ubicación. Por mí, que estuviera muerto. No sería gran diferencia. Sé que fue mi mejor amigo y que nos jurábamos amistad eterna, pero todo cambia. Todo, incluido yo.

Decidí dejar de ser lo que llaman un vago y enfocarme en hacer algo definitivo por el resto de mi vida. Todavía no sé qué cosa, pero por supuesto será algo ligado a las letras. Todavía tengo toda la correspondencia de antes, cuando también nos escribíamos con Andrés.

Tan clisé nosotros, estando en esta época nos seguimos cerrando al espacio del lápiz y el papel, como si de esa manera estuviéramos salvando la Literatura como tantas veces hablamos con unas copas de más.

Me gustaría seguir escribiendo, pero me llaman por teléfono y pierdo el hilo de lo que estoy escribiendo.

Sí, ahora tengo teléfono. Como te dije, la gente cambia. Antes de irme… ¿Por qué te fuiste?

Te sigo queriendo, a pesar de todo.


Diego

martes, 4 de junio de 2013

22 mayo 2005

22 de mayo 2005, Perú


Diego:


Perdón por no haber escrito antes. Siento que no existen justificaciones… pero bueno, sabes más que nadie que el contacto con Chile no me hace bien.

No sé qué escribirte. Comencé decidida a explayarme y contarte las maravillas que he conocido en este lugar, pero ahora, debo confesar, estoy mirando el papel, escribiendo mientras me siento como el ser más estúpido del mundo, tratando de que el sentimentalismo de las cosas que pasaron allá en Chile no me afecte.

Estoy escuchando Pink Floyd. Recuerdo cuando nos quedábamos horas con los demás… y el Andrés.

No hay nada nuevo en lo que te escribo: como siempre pequeños flashbacks y nada más (mi vida en cierto sentido está compuesta de miles de recuerdos momentáneos con los que me alimento, los mismos que me impulsan a esconderme en este lugar).

Compré un par de libros bastante interesantes, pienso hacérselos llegar apenas tenga algo más de plata.


Abrazos.


Catalina.