9 de septiembre 2005
Acabo de salir del cine y te escribo mientras espero algún
taxi me que lleve al departamento. Ahora estoy en Argentina. Nos separa la cordillera y la virtualidad del
papel. Quizás otras cosas… que ya no valen la pena.
Hasta hace poco reflexionaba acerca de cómo sería volver a
Chile… por ahora pienso quedarme un tiempo más acá, me conseguí un buen trabajo
como profe reemplazante de literatura en una escuelita de Buenos Aires.
No sé qué decirte en relación a tu última carta… pensé que
sería bueno evadir el tema. También pensé que deberá llegar el momento en mi
vida en que deje de huir de todo, en que tenga que enfrentarte a ti, al Andrés
y a todos los fantasmas.
¿De verdad crees que la gente cambia? Para mí la gente es
siempre la misma… cambia el contexto, quizás,
cambian los amigos, los lugares… pero la esencia de uno siempre será la misma. Quizás
simplemente nos enfocamos en lo que no debíamos, nos salimos del camino
tratando de encontrarnos… no sé en verdad, a pesar de todo el tiempo que ha
pasado esto sigue siendo igual de confuso.
Dedo confesarte que lo único que he hecho ha sido pensar en
ustedes dos. Es algo horriblemente masoquista, estúpido… Quizás a estas alturas
estés comprendiendo por qué me fui, por qué me borré del mapa de un día para
otro. Y quisiera volver, lo juro, no sé porque no tengo las fuerzas para
hacerlo.
Catalina.
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