sábado, 15 de junio de 2013

24 de Septiembre e 2005

24 de Septiembre de 2005

Yo me esmero siempre en contestar lo más pronto que pueda y en cambio tú me contestas cuando quieres. Hablas de la esencia como si fuera una cosa que poseyeras, cómo si supieras de qué mierda estás hablando. Pero no sabes nada. Y el Andrés tampoco sabía nada. Todo lo que te dijo era mentira. Todo lo que le conté ya parece lejano. Él era mi mejor amigo y tú lo destruiste todo. Primero a él, luego nuestra amistad, luego nuestra relación y finalmente a mi.
Hace poco celebramos las fiestas patrias. Como si tuviéramos algo que llamar patria a este mundo de papas fritas prefabricadas. Y lo vi de lejos, estaba con la Maura, la Rita y el Vicente, los que otrora también fueron mis amigos, nuestros amigos.
La Maura está cada día más gorda, la Rita se cortó el pelo y se lo tiñó verde sin saber el ridículo que hace y el Vicente, tan lameculos como siempre. Detrás de la Rita como si esta alguna vez lo fuera a pescar más allá de unas buenas chupadas. Y el Andrés. Sigue igual, solamente que ya no es mi amigo. Con sus lentes que le dan un aire de inteligencia que tanto le faltó para algunas cosas… y con cosas me refiero a ti.

Me harté de la sinceridad hipócrita, que finalmente de sincero no tiene nada.
Quiero putearte y putearlo todo. Tengo ganas de escupir a un perro, de golpear a una anciana, de mostrarle el culo a un paco.

Voy a gritar y no me sale la voz porque este puto mundo me la ha quitado y lo único que me queda son las manos y mi capacidad de escribir algunas palabras al lado de otras.

Quiero que llores, ya siento que estás llorando con lo que llevo escrito. Pero ahora llora con más ganas por favor. Te encanta sufrir, por eso te vas primero a Bolivia, luego a Perú, a Argentina, a cualquier parte que no sea Chile, a hacerte la victima, a refugiarte en unas clases patéticas con unos pendejos patéticos que te deben mirar con pena. Qué les importa a ellos quién sea Diamela Eltit, quién era Shakespeare, un puto tipo con un apellido difícil. Para qué gastar neuronas en saber como se pronuncia su apellido, saber quién era. Sepultémoslo.

Tengo ganas de morderme un diente. De matarme y luego arrepentirme. De mascar chicles y luego volver a secarlos y repetidamente morderlos. Quiero hacer cosas imposibles. Quiero, por ejemplo, y tan imbécil me siento con este clisé, quiero retroceder el tiempo y no odiarte tanto como lo hago ahora. O por lo menos volver a esa etapa donde te odiaba y te amaba al mismo tiempo. Cuando el puto de Andrés, ese imbécil, todavía era mi mejor amigo, cuando lo consideraba mi alma gemela y a ti el amor de mi vida. Pero ya nada es verdad y mi vida es la historia más triste del mundo, estoy desconsolado como un protagonista de un libro de Kafka. Un insecto, un castillo, un trabajo monótono quedan chicos para mí, para el Andrés y para ti.

¡Ya estoy harto incluso de mencionarlo! Cómo si sirviera de algo. Tacharé todas las veces que lo nombré. Cómo si sirviera de algo. Como si gritarte sirviera de algo. Gritarte entre comillas, hace tiempo que no escucho tu voz. Ya ni me acuerdo. Cuando pasa eso veo un video que teníamos, ese único que tu primo una vez salvó y me lo pasó en un dvd…ese video. No quiero seguir escribiendo.

Siento que después de esto quizás no contestes. Que este será el adiós definitivo. Quizás te mates, para dar el golpe final a tu espectacular capacidad de hacerte la victima.


Chao.

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