24 octubre 2005
Estoy en Chile. Hace más de dos
semanas que estoy en Chile y dudé más
que la cresta si mandarte una carta o no.
Tenías razón, lo primero que
pensé después de leerte fue en tomar el cuchillo y completar lo que nunca, en 26
putos años, me atreví a hacer. Me da rabia que me conozcas tanto, me da rabia
que después de todo lo que pasó aún no te atrevas a mandarme a la mierda.
Quiero verte. Quiero con ésa
mirada de perro despechado me grites en la cara, me digas todo lo que jamás
pensaste en decirme. No te quedes mirando un DVD añejo como en una película de
Wood. Eres un imbécil.
Siento que no saco nada tratando
de explicarte el porqué de muchas cosas si, independiente de eso, seguirás
encerrado en tu ínfimo mundo de posibilidades. Date cuenta de que la cagamos,
de que jamás hubiera resultado nada entre los dos, de que nunca fui realmente “el
amor de tu vida” ni de la de nadie.
Los libros, la cerveza, las
lecturas poéticas que te cargaban y esas tardes infinitas en la u no eran más
que cosas superfluas y convenciones sociales. Las salidas con la Rita y la
Maura siempre fueron un maraqueo más para la lista de “hueones con los que
hemos culeado”. Las noches donde el Vicente, la marihuana y las lecturas
matutinas de Ginsberg ¿En serio esperabas algo de mí? ¿En serio pensaste que te
amaba?
No sé qué esperabas, realmente.
No sé qué esperabas también del Andrés. ¿Hay acaso algo que esperar de esta
puta sociedad? Perú, Argentina, Bolivia y Chile son la misma mierda al fin y al
cabo. Tú, yo y el Andrés fuimos la misma mierda.
Jamás tuve las agallas para
matarme y dudo que las tenga algún día, ésa es mi conclusión.
Era tan ridículo andar
escondiendo mis muñecas de ustedes dos. Era tan ridículo pensar que podía
confiar en ti. Era tan ridículo como es que ahora te esté escribiendo
nuevamente, pese a que tratas de amedrentarme jugando a dar vuelta los papeles,
manipulando… manipulándome. Ambos somos las víctimas y los victimarios de todo esto,
la vida nos culeó bien culeados y nosotros después la emborrachamos en un bar
de República.
Lo de las cartas había comenzado
bien, quizás el error fue volver a meter a Andrés en nuestra vida.
Lo siento.
P.S.: Mañana vuelvo a Argentina.
Catalina.
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