sábado, 15 de junio de 2013

24 octubre 2005

24 octubre 2005

Estoy en Chile. Hace más de dos semanas que estoy en Chile y  dudé más que la cresta si mandarte una carta o no.
Tenías razón, lo primero que pensé después de leerte fue en tomar el cuchillo y completar lo que nunca, en 26 putos años, me atreví a hacer. Me da rabia que me conozcas tanto, me da rabia que después de todo lo que pasó aún no te atrevas a mandarme a la mierda.
Quiero verte. Quiero con ésa mirada de perro despechado me grites en la cara, me digas todo lo que jamás pensaste en decirme. No te quedes mirando un DVD añejo como en una película de Wood. Eres un imbécil.
Siento que no saco nada tratando de explicarte el porqué de muchas cosas si, independiente de eso, seguirás encerrado en tu ínfimo mundo de posibilidades. Date cuenta de que la cagamos, de que jamás hubiera resultado nada entre los dos, de que nunca fui realmente “el amor de tu vida” ni de la de nadie.
Los libros, la cerveza, las lecturas poéticas que te cargaban y esas tardes infinitas en la u no eran más que cosas superfluas y convenciones sociales. Las salidas con la Rita y la Maura siempre fueron un maraqueo más para la lista de “hueones con los que hemos culeado”. Las noches donde el Vicente, la marihuana y las lecturas matutinas de Ginsberg ¿En serio esperabas algo de mí? ¿En serio pensaste que te amaba?
No sé qué esperabas, realmente. No sé qué esperabas también del Andrés. ¿Hay acaso algo que esperar de esta puta sociedad? Perú, Argentina, Bolivia y Chile son la misma mierda al fin y al cabo. Tú, yo y el Andrés fuimos la misma mierda.
Jamás tuve las agallas para matarme y dudo que las tenga algún día, ésa es mi conclusión.
Era tan ridículo andar escondiendo mis muñecas de ustedes dos. Era tan ridículo pensar que podía confiar en ti. Era tan ridículo como es que ahora te esté escribiendo nuevamente, pese a que tratas de amedrentarme jugando a dar vuelta los papeles, manipulando… manipulándome. Ambos somos las víctimas y los victimarios de todo esto, la vida nos culeó bien culeados y nosotros después la emborrachamos en un bar de República.
Lo de las cartas había comenzado bien, quizás el error fue volver a meter a Andrés en nuestra vida.

Lo siento.

P.S.: Mañana vuelvo a Argentina.


Catalina.


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